Cortesía Youtube

La actriz venezolana Sheryl Rubio, quien se encuentra residenciada desde hace algún tiempo en Estados Unidos, sorprendió a todos sus seguidores en las plataformas digitales, tras participar en un podcast en el cual emitió su opinión un tema que implica responsabilidad en la niñez.

En este sentido, a través de un post colaborativo en Instagram entre la cuenta del programa multimedia, su perfil y el de su esposo, se puede visualizar en clip en el cual los tres participantes interactúan entre sí, sobre las groserías en la niñez.

De esta manera, en el clip visual compartido de “El buen podcast”, se puede visualizar a la también cantante junto a su compañero de vida Luke Shapiro y el conductor del show, mientras debaten sobre la importancia de una palabra coloquial venezolana.

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En tal contexto, Sheryl Rubio durante la grabación dijo maric** como parte de su vocabulario cotidiano, y de manera inmediata optó por callarse, por lo cual preguntó  si dicha «grosería» era posible mencionarla, puesto que, ante el público pudiese considerarse algo no tan acorde.

¿Es una grosería?

A su vez, su esposo tuvo una reacción bastante inesperada, por lo cual le cuestionó si la palabra en cuestión era considerada una falta de respeto, debido a que al decirla reaccionó como si hubiera dicho algo malo.

En tal situación, Sheryl Rubio, respondió que: “Ósea si, no la diría en televisión nacional”, con un tono dudoso. Debido a ello, Shapiro, le cuestionó que en de tener un hijo, y que este mencione la misma “grosería”, cuál sería su reacción como madre: “¿Le darías un coñazo (Golpe)?

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Ante ello, Rubio y el conductor del programa quedaron sorprendidos y no aguantaron la risa, ya que, para ellos la palabra a pesar de tener una fuerte connotación en el vocabulario no es tan grave para golpear a nadie.

Finalmente, en el transcurso restante del video la criolla reveló que ella empezó a decir malas palabras a los 7 años, a escondidas de su madre, confesión que le causó una inesperada reacción a su esposo, quien exclamó: “¡Siete!”, y se colocó la mano en la cabeza a modo de decepción o impacto ante las palabras de su mujer.

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