La depresión posparto es un trastorno que sufre un 10% de las mujeres que da a luz. La culpa o la vergüenza son algunos de los motivos por los que esta enfermedad está infradiagnosticada.

Para empezar, porque está infradiagnosticada. Esta y otras razones son las que obligan a hablar más de la depresión posparto. Se estima que afecta a 1 de cada 10 mujeres tras dar a luz, lo que se traduce en que 33.000 madres españolas sufrieron este trastorno en 2023. “Muchas de ellas no buscan ayuda durante la aparición de los síntomas”, lamenta Mercedes Peleteiro Rosón, psicóloga del Instituto Psicológico Cláritas.

Los motivos que se esconden tras el escaso reconocimiento de la enfermedad son varios. Uno es la culpa y otro, la vergüenza. Como apunta la experta, las pacientes sienten que no están siendo unas madres suficientemente buenas al “no experimentar la supuesta felicidad de la que todo el mundo habla” e infravaloran las señales que advierten de que algo no va bien.

La presión social tampoco ayuda. “Las madres creen que sólo les pasa a ellas y no acuden a consulta, lo que deriva en que el proceso pueda prolongarse mucho más que si recibieran tratamiento e, incluso, cronificarse”, explica Agustín Miranda, psiquiatra del Hospital Vithas Las Palmas. Asimismo, se encuentra el miedo a la estigmatización, algo muy característico cuando de trastorno mental se trata. Según Peleteiro, “la estigmatización de la enfermedad mental ha sido y sigue siendo una barrera para el diagnóstico”.

¿Cuáles son los síntomas más habituales?
Es importante diferenciar la depresión posparto de los llamados maternity blues o baby blues, que son cuadros depresivos que aparecen en los primeros días tras el nacimiento del bebé y que se da aproximadamente en un 70% de las madres. “Ese estado emocional se ve precipitado en gran parte por alteraciones hormonales que se dan durante el parto y los días posteriores a él”, detalla Peleteiro, quien declara que las pacientes experimentan cambios bruscos de humor, tristeza, irritabilidad, ansiedad, preocupación o dificultad para dormir.

Claro que, estos signos suelen desaparecer después de una o dos semanas. Sin embargo, en un 20% de los casos los síntomas se mantienen o agudizan. “Es entonces cuando empezaríamos a hablar de depresión posparto”, refiere la psicóloga. Además de las mencionadas, otras señales de alerta por las que se diagnostica la patología son:

Tristeza y desesperanza.

Pensamientos recurrentes sobre la muerte o el suicidio.

Ansiedad y rumiación.

Anhedonia (falta de interés por actividades que antes se disfrutaban).

Sensación de incapacidad por el cuidado del hijo y sentimientos de ambivalencia hacia él.

Dificultad para vincularse con el bebé, así como para relacionarse con su entorno.

Fatiga extrema o falta de energía.

Cambios en el apetito o en el sueño.

Dificultad de concentración.
Tras esta larga lista, el objetivo está claro: frente al infradiagnóstico, la detección precoz. Para ello, es necesario un seguimiento adecuado durante y después del embarazo por parte de los profesionales que atienden a la madre, afirma Ernesto González Mesa, ginecólogo y responsable del área de Obstetricia del Hospital Vithas Málaga, quien agrega que la clave también está en prestar atención a los factores de riesgo que pueden desencadenar la enfermedad. En este sentido, “las mujeres que han tenido un diagnóstico de depresión previo a quedarse embarazadas corren más riesgo de desarrollar una depresión posparto”, subraya Peleteiro.

¿Cuánto dura la depresión posparto?
La depresión posparto suele aparecer entre las cuatro y las ocho semanas después de dar a luz. Acerca de cuánto se puede alargar, la experta del Instituto Psicológico Cláritas resalta que no se puede hablar de un tiempo establecido: “Al igual que ocurre en la mayoría de enfermedades mentales, su duración dependerá de diferentes factores”.

Además de un adecuado diagnóstico y tratamiento, el apoyo social y familiar es fundamental en el transcurso de la enfermedad. “La terapia de grupo o la conversación entre iguales frente al aislamiento de las madres son elementos que mejoran notablemente el estado de ánimo”, manifiesta la especialista.

En cuanto a los tratamientos, resultan esenciales la farmacoterapia y la psicoterapia. Según Peleteiro, “en ocasiones será la combinación de estas terapias lo más efectivo para atender a los síntomas y el malestar del paciente”. En el entorno terapéutico, “las madres encuentran un lugar seguro en el que poder nombrar sus preocupaciones en torno a la maternidad, sus miedos o sus dificultades para hacer frente a todos los retos que ello conlleva”.

¿Los hombres también pueden sufrir depresión posparto?
La depresión posparto también puede darse en el padre, lo que evidencia que el cambio hormonal que se da durante y después del parto no es el único responsable de esta sintomatología.

En cambio, “es fundamental que entendamos que hay otra serie de factores psicosociales que pueden estar interviniendo en el malestar de ambos padres. La maternidad y la paternidad, sobre todo en aquellos primerizos, implica un enorme cambio en la vida de la persona”, comenta la psicóloga. En este punto, continúa la experta, la llegada de un bebé implica un proceso de adaptación a esta nueva vida, con mayores responsabilidades y dificultades para atender lo que él necesita: “Nos puede costar calmar o entender las señales del niño y hacernos sentir frustrados. La lactancia puede producir desazón, los ritmos de sueño se ven alterados…”.

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